Creo que existe una desmasculinización del hombre...lo veo a diario, en las calles en mi país, en el mundo. Hay un renunciamiento tácito de los espacios, formas e incluso rituales, se ha buscado crear la imagen de sensibilidad agobiante del hombre y un alejamiento de su propia función dentro de la especie.
No me refiero a aceptar conductas aberrantes marcadas como simbolos de masculinidad y que en realidad son caricaturas deformadas de lo que significa en realidad ser hombre y ser macho, me refiero a la transformación necesaria de niño a hombre.
En el pasado y aún ahora en culturas más "primitivas" que la occidental esa transformación era paso obligado separando los deberes y obligaciones de los niños y de los hombres de forma tal que el paso de transformación de los unos a los otros se realizaba de forma estructurada permitiendo el entender la profunda implicación que ese cambio llevaba no solo para el individuo sino dentro de su socieciedad en si.
No quiero entrar a detallar o contar las diferentes prácticas o rituales de pasaje pero si quiero hacer incapie en que todos ellos marcaban tres fases importantes, la preparación, la iniciación y la confirmación.
La primera de dichas fases, corresponde a la siembra en el niño de las características de la sociedad en forma de rituales, historias y mitos permitiendo que las jóvenes mentes entiendan claramente que les está pidiendo su sociedad y cual es su lugar en la misma.
La segunda fase es la iniciatica, en muchas culturas con la inclusión de prácticas dolorosas y quizas a los ojos de nuestra sociedad urbana, brutales donde solo los más fuertes y que llegan a superar estas quedan ratificados como adultos dentro de la sociedad.
Finalmente la fase de confirmación, toda vez que el niño supera las pruebas demostrando que está listo para cumplir con sus obligaciones como adulto es reconocido como par dentro de los hombres de su sociedad.
Esos nuevos hombres tenian muy claro su rol dentro de sus propias tradiciones y se comportaban de acuerdo a las mismas, no tenian miedo a crecer ni envejecer ya que ambas condiciones eran tomadas como fases naturales.
Sin embargo es curioso que nuestra sociedad, la misma que se exalta de forma amplia a la juventud dichos ritos de iniciación se han ido perdiendo o en el peor de los casos degenerando a los mismos.
Todos los días y a todas horas se bombardean de forma audiovisual y permanente estandares de masculinidad errados o por lo menos severamente torcidos y alterados los mismos que sumados al permanente cosumismo crónico de la sociedad en que vivimos genera el caldo de cultivo ideal para personalidades vanas, infantiles y mediocres.
Basta con mirar a la calle, aquel ejecutivo con carro de lujo que lanza basura a la calle, aquel señor que cruza corriendo un semáforo en rojo, un funcionario público que aprovechandose de su puesto logra jugosas oportunidades, no hacen más que descubrir a aquel mozalbete que irrespetuosamente ensucia su propio cuarto, un pequeño que no mide las consecuencias de sus travesuras o un niño atrapado robando galletas de la cocina.
Es cierto en todas épocas han existido prepotentes, truhanes e inmaduros, sin embargo es evidente que la comodidad del siglo XXI permite que estas actitudes sean mas explícitas y evidentes.
Creo que se necesitan más hombres de verdad, dejar de ser niños es duro pero vital y estratégico para el desarrollo de nuestro País.

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